domingo, 5 de febrero de 2012

Disfagia nerviosa y Miedo a Tragar -Fagofobia-...

Fagofobia: fobia a tragar

La razón que motiva el rechazo de la comida es el terror a ahogarse o asfixiarse cuando se tragan los alimentos, ya sean líquidos o sólidos. Suele surgir en niños -aunque también se han comprobado casos en mayores- tras un episodio de atragantamiento con la comida, una esofagitis o faringitis muy dolorosa, o tras una experiencia de disfagia (dificultad para tragar). También hay niños que sufren fobia a tragar y dejan de comer por miedo a vomitar y a sentir dolor, por lo general después de haber vomitado tras un empacho, una fuerte gastroenteritis e, incluso, debido al malestar provocado por las sesiones de quimioterapia, si éstas se han aplicado próximas a la hora de la comida.

Sobre la fobia a tragar no se han publicado ensayos terapéuticos controlados en la literatura científica, tan sólo informes de casos. No obstante, la prevalencia es baja si se tiene en cuenta los pocos casos descritos, por lo que se concluye que es un proceso pasajero que se resuelve en la mayoría de los casos en menos de seis meses. El médico, antes del diagnóstico de fagofobia, descartará que se trata de cualquier otra enfermedad que pueda provocar los mismos síntomas como disfagia (dolor o dificultad física para tragar), globus (sensación de nudo en la garganta), anorexia nerviosa, trastorno obsesivo-compulsivo (temor a atragantarse con objetos no comestibles, como un trozo de cristal) o trastornos afectivos.

Sin embargo, en los afectados, aunque el malestar desaparece, persiste la conducta alimentaria de evitar la comida por miedo de tomar los alimentos con una textura cambiada -líquidos, semilíquidos, cremas, purés o yogures, por lo que limitan de forma considerable la variedad de la dieta. En algunos casos esta conducta alimentaria tan restrictiva se puede confundir con el diagnóstico de anorexia nerviosa.

Tratamiento

Comenzar por servirle al afectado purés líquidos hasta llegar, de manera gradual, a un puré espeso y más tarde a alimentos sólidos.
Añadir a los purés algún tropiezo de carne, pescado o huevo, primero triturado, y luego en trozos pequeños.
Introducir en su dieta los alimentos sólidos a partir de alimentos blandos como huevo pasado por agua, pescado hervido, luego frito, verdura cocida, carne picada y, finalmente, carne fácil de masticar.
Este plan dietético irá acompañado de un plan conductual dirigido por el psicólogo, así como de un curso de educación nutricional elemental referida al contenido de nutrientes de los alimentos en una dieta adecuada a las necesidades individuales.

Los alimentos más resistidos

Aunque el término neofobia no discrimina el tipo de alimentos, un estudio inglés realizado entre 564 madres detectó que los niños no muestran rechazo a unos cuantos alimentos al azar, sino a un grupo estratégicamente elegido considerado por la especie humana como sospechoso. Las verduras crudas y amargas, las que más gusto a "yuyo" tienen, son las más difíciles de introducir en la dieta. El pescado es otro de los más odiados por los pequeños.

Los niños tienden a rechazar lo verde, es decir, las verduras, así como también las frutas, identificadas con el color rojo. Cuando esto sucede, los papás cometen el error de ofrecer a sus hijos aquellos alimentos que están seguros de que los chicos van a aceptar y entonces se cae en las carnes, la papa, los postrecitos, los lácteos, las patitas de pollo, las hamburguesas y las salchichas.

La neofobia parece tener una excepción: los alimentos dulces. Con seguridad, un alimento nuevo, pero dulce no presenta dificultad para ser incorporado. De hecho, éste es el motivo por el que la mayoría de los preparados infantiles contienen azúcar.
Recientemente, en un importante estudio con gemelos, llevado a cabo por el equipo de la Dra. Cooke, del Departamento de Epidemiología y Salud Pública del University College de Londres, halló que aproximadamente el 80% de la tendencia infantil a rechazar alimentos nuevos, se debe a causas genéticas.

Las influencias heredadas genéticamente explican el 78% del puntaje de variación de neofobia alimentaria, mientras que factores de influencia ambientales sumaron solamente un 22% de la variación.

La mayoría de los chicos comen una amplia variedad de alimentos hasta los 2 años, cuando repentinamente dejan de hacerlo. La etapa puede durar hasta los 4 ó 5 años. Según los investigadores, se trata de una respuesta de la evolución. Las papilas gustativas de los chicos se cierran cuando empiezan a caminar, lo que hace que controlen más lo que comen.

Dicho rechazo podría haber sido una ventaja evolutiva en la prevención de las especies y su exposición a alimentos potencialmente tóxicos, según mencionaron los investigadores en el American Journal of Clinical Nutrition.

A pesar de que la neofobia parece ser genética, los médicos coinciden en que los padres de chicos difíciles no deben rendirse y cocinarles nada más que pastas.

Continuamos en activo... aunque no hayan nuevas entradas ;)


Si en algún momento necesitas hablar con nosotras envía un correo al mail ansiedadandfear@gmail.com....

Estaremos encantadas de contestar y charlar contigo :)

Un saludo.

Jessica y Lucía

viernes, 20 de mayo de 2011

La Hipocondria...

El cuidado de nuestro cuerpo y las preocupaciones razonables por la salud son conductas adecuadas, sirven para prevenir diferentes enfermedades. Y, desde luego, cuando se padece realmente una enfermedad, son aún más adecuadas, siempre y cuando, sean proporcionadas a la enfermedad padecida. Lo que ocurre en la hipocondría es una desorbitada preocupación por padecer enfermedades que o no se tienen, o, teniéndolas, no justifican semejante preocupación. Las cavilaciones se basan en pequeñas sensaciones físicas vagas e imprecisas. Esta inmensa preocupación genera mucha angustia y suele llevar al descuido de diferentes actividades que la persona antes realizaba con normalidad -ej. abandono del trabajo, desatención a la vida de pareja por estar más centrado uno en sus propias sensaciones-.

Los componentes esenciales de la hipocondría se pueden dividir en tres formas de respuesta:

a) Cognitivos:


- preocupación por el propio cuerpo y por padecer diferentes enfermedades.
- rumiaciones sobre síntomas, salud y enfermedad y sus consecuencias
- autobservación excesiva de las funciones del cuerpo y tendencia a verlas como señal de enfermedad.
- más atención a las posibles consecuencias negativas, desoyendo los aspectos más saludables de uno mismo y de la vida.

b) Emocional-fisiológicos:

- ansiedad
- temores sin correspondencia con el peligro real
- cambios en el estado de ánimo

c) Conductuales:

- hablar a propios y extraños de las varias dolencias y síntomas.
- búsqueda de información en diferentes fuentes (enciclopedias, otros enfermos, familiares...).
- autoobservaciones repetidas y manipulación de diferentes partes del cuerpo para comprobaciones diversas.
- aumento de las visitas a médicos y especialistas, y deterioro de las relaciones con éstos.
- disminución de otras actividades sobretodo las de buena salud y aquellas que implican responsabilidad social o laboral.

Aunque la hipocondría como trastorno es independiente de la ansiedad y la depresión, muchas veces aparece junto a ellas. Esta coexistencia se explica por varios motivos. El tono de ánimo negativo hace que nos centremos más en nosotros mismos, lleva a interpretar sensaciones neutras como señales de peligro potencial de enfermedad, y vuelve más catastrofistas nuestras expectativas de padecer un enfermedad y lo que significaría padecerla. Además también se ve aumentada nuestra atención a aspectos negativos de la vida, entre ellos las enfermedades, y a recordar enfermedades que se padecieron o padecieron otras personas en el pasado. Y no hay que olvidar que las propias emociones negativas pueden generar síntomas físicos )(la ansiedad,por ejemplo, genera palpitaciones, sudores, temblores...) que pueden ser vistos como enfermedad física si se desconoce su origen, o, incluso pueden provocar problemas físicos reales (úlceras, psoriasis, cefaleas tensionales, hipertensión arterial, asma bronquial, etc...).

Entre los factores que facilitan el inicio de los cuadros de hipocondría, suelen citarse los siguientes:


1)Experiencias previas con efectos sensibilizadores(p.ej. conocimiento de errores médicos, familiares enfermos, padre hipocondríaco...) y factores de aprendizaje en relación al propio cuerpo (fundamentalmente costumbres sociales en la expresión emocional de la enfermedad y las reacciones a ella, capacidad amplificada para percibir las propias reacciones internas, y fallos en la forma de afrontar situaciones estresantes).

2) Formación de creencias erróneas sobre los síntomas, la salud y la enfermedad. Además de una atención selectiva a aspectos negativos y tendencia a confirmar estas creencias erróneas.

3) La presencia de un incidente crítico externo (muerte de un familiar, información sobre una enfermedad cuyos síntomas uno cree padecer) o interno (estado de ánimo negativo) suele activar estas creencias y comportamientos arriba señalados, desencadenándose así los componentes característicos de la hipocondría.

Una vez iniciada la hipocondría, hay otros factores que contribuyen a su mantenimiento, entre ellos:

- continuas visitas a los médicos y a especialistas, sin encontrarse causa física al problema, y sin explicación satisfactoria. Hay un grupo de pacientes hipocondríacos, sin embargo, que evitan sistemáicamente cualquier consulta o exploración médica por temor a que se les confirme la enfermedad temida.
- insistente búsqueda de información sobre enfermedades a partir de diferentes fuentes.
- rumiaciones sobre síntomas, salud y enfermedad y sus consecuencias.
- aparición de enfermedades reales que confirmen las creencias.
- la persona centra la mayor parte de su vida en la vivencia de estar enfermo.
- el abandono de interess y la falta de actividad llevan a atender más a las propias sensaciones.
- atención continuada a la persona y sus quejas por parte de sus conocidos.

En medicina esta enfermedad tiene un mala aceptación y entendimiento. La relación médico-paciente se va deteriorando. El paciente no está satisfecho con las explicaciones médicas que le dicen que no tiene ningún problema físico o que es un enfermo imaginario.

Desde el punto de vista psicológico, una vez comprobado que hay un buen estado de salud, el foco de tratamiento pasan a ser las preocupaciones por la salud y las emociones y conductas asociadas. Los medicamentos no son efectivos, salvo en la medida en que reducen la ansiedad o el desánimo.